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Daños eléctricos en el seguro de hogar: la letra pequeña

¿Un pico de tensión te ha dejado sin televisión o frigorífico? Te explicamos qué cubre la garantía de daños eléctricos y qué mirar en tu póliza. Segurmar

Daños eléctricos en el seguro de hogar: la letra pequeña

Imagina que una noche de verano en Marbella hay un pico de tensión en la red. Al día siguiente enciendes la televisión y no arranca. Revisas el router, el frigorífico, la vitrocerámica… silencio. Todo apuntaba a un buen día hasta que miras la factura de lo que habría que reponer. Ahí es cuando te preguntas: ¿para esto tengo el seguro, no?

Depende. La garantía de daños eléctricos existe en muchos seguros de hogar, pero tiene una letra pequeña que conviene conocer antes del susto, no después.

¿Qué son exactamente los daños eléctricos en un seguro de hogar?

Son los desperfectos que sufren las instalaciones o los aparatos de tu casa cuando la electricidad les llega de forma anómala: una sobretensión, un cortocircuito, una bajada de tensión repentina. La garantía de daños eléctricos cubre, en principio, los equipos que han quedado inutilizados o dañados por ese fallo en la corriente.

La palabra clave es «en principio». Porque lo que parece sencillo —la luz hizo algo raro y se estropeó el aparato— en la práctica tiene muchos matices que el condicionado regula con bastante precisión.

¿Qué cree la gente que cubre y en realidad no cubre?

Mucha gente cree que cualquier avería eléctrica en casa queda dentro de esta garantía, y esa confusión es lo que más problemas da a la hora de tramitar un siniestro.

Lo primero que hay que entender: en la mayoría de las pólizas, solo cuenta el cortocircuito de origen externo. Es decir, el fallo tiene que venir de fuera de tu casa —de la red de suministro, de un pico en la línea general—. Si el origen es interno, por ejemplo un problema en la instalación propia de tu vivienda, suele quedar excluido, aunque alguna compañía sí lo cubre a modo de excepción. Esto descarta una cantidad importante de casos del día a día.

Segundo error habitual: confundir los daños eléctricos con la avería de electrodomésticos —el desgaste, la rotura mecánica o el fallo interno de un aparato por uso o por el paso del tiempo—. Son garantías distintas. Si tu lavadora deja de centrifugar porque el motor ha llegado al límite de su vida útil, eso no es un daño eléctrico, aunque el aparato funcione con electricidad.

Y una tercera confusión frecuente: en algunas pólizas los aparatos que tienen más de ciertos años de antigüedad, que varían según la compañía, quedan directamente excluidos de esta cobertura. Si tu televisor es antiguo, puede que el seguro no lo contemple aunque el pico de tensión haya sido real.

¿Cuándo entra la cobertura y cuándo no?

La cobertura suele activarse cuando puedes demostrar que el fallo vino de la red eléctrica externa. Y aquí está otro punto que a menudo sorprende: suelen pedirte el número de incidencia que hayas comunicado a tu compañía suministradora de energía —Endesa, Iberdrola o quien sea en tu zona de la Costa del Sol— o una copia del escrito que les hayas mandado notificando el problema. También suelen pedir copia del último recibo de la luz. Sin esa documentación, tramitar la prestación se complica mucho.

Ejemplos en los que suele haber cobertura:

  • Una sobretensión en la red eléctrica del barrio que funde varios aparatos al mismo tiempo.
  • Un corte y reconexión brusca que daña la placa base de un ordenador o el compresor del frigorífico.

Ejemplos en los que probablemente no haya cobertura:

  • Un cortocircuito originado por un cable en mal estado dentro de tu propia instalación.
  • Una avería en un aparato con más años de los que tu póliza permite, incluso si el pico vino de fuera.
  • Cualquier reparación que hagas tú mismo o con un técnico externo sin pasar antes por el servicio autorizado, si tu póliza exige usar la red de la compañía. Hay pólizas que dejan el siniestro sin cobertura si reparas por cuenta propia.
  • Una instalación eléctrica que no cumple la normativa vigente: suele ser causa de exclusión directa.

¿Hay límites de dinero que nadie te cuenta?

Esta garantía suele tener un tope de partida más bien ajustado —a veces del orden de 500 € por siniestro en las modalidades más básicas— y suele llevar una franquicia, es decir, una cantidad que pagas tú antes de que el seguro empiece a cubrir. Esa franquicia puede rondar los 100 € por aparato, aunque en algunas pólizas desaparece si la reparación la hace el servicio técnico oficial de la compañía. Pero ese tope inicial no es fijo: muchas pólizas ofrecen una ampliación opcional que eleva la cobertura hasta el 100% del capital asegurado para continente y/o contenido, y otras compañías parten directamente de límites mucho más altos —varios miles de euros— en sus modalidades superiores. Merece la pena comprobar qué nivel tienes contratado tú, porque la diferencia entre uno y otro es notable.

El problema es que si tienes dos o tres aparatos dañados en el mismo incidente, y el limite de tu póliza es bajo, puede quedarse corto rápidamente. Y si la reparación supera ese límite, el resto lo pagas tú. Es el tipo de dato que rara vez explica nadie en el momento de contratar.

Ojo también al nivel de póliza que tienes contratado. Hay productos estructurados en modalidades —básica, estándar, plus u otras denominaciones parecidas—. En las modalidades más básicas puede que solo se admita la reparación a través del servicio técnico de la propia compañía: si llamas a un técnico de fuera, pierdes la cobertura. Hay pólizas que amplían esa libertad en niveles superiores, pero siempre con condiciones específicas. Revisa cuál es la tuya.

Ten en cuenta que estos datos son patrones habituales del mercado, recogidos de distintas compañías —no describen una póliza en concreto—. Cada aseguradora fija sus propios límites, franquicias y condiciones de reparación, así que conviene revisar siempre el condicionado de tu caso antes de dar nada por hecho.

¿Qué tienes que mirar en tu póliza antes de que pase algo?

  • Origen del cortocircuito: ¿cubre solo el externo o también el interno? Búscalo en el condicionado, porque la diferencia es importante.
  • Antigüedad de los aparatos: ¿hay un límite de años a partir del cual quedan excluidos?
  • Tope de indemnización: ¿cuánto cubre como máximo por siniestro? Comprueba si hay sublímites por aparato.
  • Franquicia: ¿cuánto pagas tú de entrada? ¿Desaparece si usas el servicio técnico oficial?
  • Servicio técnico: ¿puedes llamar a quien quieras o tienes que usar la red de la compañía? ¿Qué pasa si no lo haces?
  • Documentación exigida: guarda siempre el último recibo de la luz y, si hay un incidente en la red, anota o solicita el número de incidencia a tu suministradora lo antes posible.
  • Estado de tu instalación: ¿está al día según la normativa eléctrica vigente? Una instalación antigua y no revisada puede ser motivo de exclusión.

Si tienes un seguro de hogar y no tienes claro ninguno de estos puntos, es el momento de revisarlo: antes del siniestro, no durante.

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